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Sin más: nada

Del estado más alto que creí estar
Caí estruendosamente
Desde el más allá de la física
Al terreno mismo de la cosidad.

Mis categorías y atributos cambiaron
Rotunda y bruscamente
Pasando de la misticidad a la cotinariedad
Dejando de observar con el alma
Quedando más allá de la ignorancia
Sujeto al devenir, hasta el morir eterno.

Al menos lo vulgar tiene sabor
Esto resulta insípido
El complejo sentimiento
Ya no digamos del sentir
Son privilegios
A lo mucho quedo
en un insípido escepticismo.

Jugar a enlazar y estar
De lo abstracto a lo físico
Se ha oxidado.

Así abordo mi sentencia heraclitanea
Muero porque no muero
El ruido del rio que no es el mismo
Melodía arrullante
Veniente física vulgar muerte.
Si muero porque no muero
Si vuelvo a lo mismo
Privilegio si a la melodía me acostumbro
Pobre de mí si no es así
Si estando ahí
Recuerdo.
Edgar Ibarra

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Prematura

Renuncio hoy A las palabras En verso en prosa, De tinta, sonoras, callas Alguna vez dedicadas.             Porque Venidas a menos, Vacías y olvidadas No tienen nada por decir Ni nada por hacer. Balbuceos sucios, Engañosos y ofensivos Del genuino infante, primerizo En nombrar al mundo apenas visto             Porque Las palabras vacías no son más Que anhelos del ignorante, Infante o amante, Que asfixian y duelen. Acaso estas mienten El último aliento Que a medias tintas anuncia La muerte prematura Del poeta que no soy. Que no fui.

Solo

Sombra oculta indefinida estoy nadie me nombra. Oscura visto el lienzo mortifero sabor a nada. Libre me dicen apenas me desean ruegan me vaya. Olor a muerte sé no ser bienvenida al anochecer.

Te dejé

Cada vez que dudaba de lo que decías sólo te oía decirme: “Ah, ¿lo dudas?”, como una gran culpa de mi parte y una ofensa hac ia ti, recibiendo tu indignación acompañada de tu silencio.   Pero el día en que ese otro se hizo pasar por ti y te encontré luchando contra él, ambos a punto de matarse uno al otro, estaba en mí la oportunidad de salvar a uno; en ese momento no sabía quién era esa persona con la cual había decidido compartir mi vida, con la que había intimidado mostrándole la construcción de mis pensamientos, mis miedos, mis luchas, mis heridas y cicatrices: mi personalidad y, sin dejar aparte como algo distinto de lo íntimo, mi erotismo y mi sexualidad. Quién de las dos personas que tenía frente a mí, uno sujetando el brazo diestro del otro alejando de su rostro su mano la cual apañaba una brillante navaja y con la derecha tomaba por la muñeca ejerciendo fuerza en sentido contrario hacía sí mismo para soltar de su cuello el antebrazo que lo asfixiaba, era ese ...