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El valor de la diversidad: aportaciones desde la diversidad sexual al cuestionamiento sobre el ser humano

[Esta ponencia fue presentada el día 14 de octubre de 2014 en el Encuentro Regional de Estudiantes y Pasantes de Filosofía (CONEFI) que se llevó a cabo en Puebla, Puebla, México]

Edgar Ricardo Ibarra González

Universidad de Guadalajara
Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades
División de Históricos y Humanos
Departamento de Filosofía

 
Resumen: La cuestión de la diversidad sexual no es exclusiva ni excluyente, es decir, no sólo nos interesa al colectivo LGBTTI sino a todos. Las aportaciones que se han hecho sobre el tema desde distintas disciplinas han puesto en duda al ser humano, ofreciendo al mismo tiempo distintas maneras de comprenderlo. Con esto la multidisciplinariedad se hace un requisito indispensable para la libertad democrática dentro del discurso y el acto de la diversidad, lo cual ha de llevarse a cabo desde entre el individuo y el colectivo, porque el ser humano, artificial por naturaleza, se hace con lo y los demás sin agotarse.

El reconocernos y compartirnos los unos con los otros, la camaradería, el activismo, entre otros pensamientos y actos que realizamos nos hacen pensar en la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos y con los demás cuando elegimos cómo ser cada día. La tarea del ser humano, es decir, nuestra tarea, es mantener una postura crítica y  reflexiva con uno mismo sin olvidar que vivimos con otros, permitiendo así el diálogo, la interacción, la construcción y cohabitación del ser humano en su diversidad. Además, ha de tenerse claro que para llegar a esto necesitamos ser personas autónomas, eficaces e íntegras, que por medio de la reflexión ética de nuestros actos reconozcamos lo que hacemos y los medios que utilizamos para lograrlo, sin olvidar que la reflexión sobre la educación no nos es ajena al tema ya que buscamos que no haya ignorancia al respecto que anule el espacio que cohabitamos ni la dignidad humana como fidelidad a lo humano.

Palabras clave: diversidad, LGBTTI, multidisciplinariedad, reconocimiento, empatía.


Hace algunos días en México se ha hablado mucho acerca de la diversidad sexual por motivos, a mirada pública, políticos y legales. Lo cual ha generado diferentes opiniones y, no menos, actos en reacción a tales acontecimientos. Y aunque suele ser común las voces partidistas (que de alguna manera nos recuerda al color del cristal con que miramos y que compartimos gustos por mirar en ciertos cristales) no debería por ello resultarnos común tener una actitud de indiferencia ante este tipo de sucesos.
 
Si revisáramos el artículo “Discurso del Sen. Martínez Martínez al instalar la Comisión de la Familia y Desarrollo Humano”, que se acaba de realizar no hace un largo tiempo en México, podríamos darnos cuenta que un tema como la diversidad sexual sigue dando mucho en qué pensar. Menciono este artículo como ejemplo ya que nos resultaría más familiar, sin embargo los ejemplos abundan en diferentes partes del mundo con sus particularidades como con sus semejanzas.
 
Y como menciono, las diferencias a cómo se ha abordado este tema quizá responda a las mismas particularidades culturales, sociales, legales, religiosos, entre otros, que encontramos en distintos países, a veces hasta entre ciudades de una misma nación. No obstante, pareciera ser que aún con esto existen cuestiones que se tocan las cuales han resultado de interés para el ser humano permitiendo por ejemplo que un individuo se realice esa pregunta esté en dónde esté ya que se problematiza en relación entre consigo mismo y con los demás, afectando de manera directa a ello que ha ido construyendo como lo humano. Con esto no quiero decir que tanto el espacio como el tiempo en el que se desenvuelve el ser humano resulten sin importancia, sino que los cuestionamientos a los que me refiero parecen no tener tiempo y espacio mientras no exista un ser humano, el cual si tiene este dúo, que se  plantee tales preguntas.
 
A lo que quiero llegar con esto es que la problematizada diversidad sexual nos ha dejado en una situación, que como diría Julián Marías, en que el hombre no sabe a qué atenerse. Y con esto una de los cuestionamientos a los que me refería en el párrafo anterior se nos vuelve a presentar no sólo desde la antropología filosófica sino también y con sus distintos matices por las demás disciplinas del conocimiento: ¿qué es el hombre?
No es que ahora le competa ni tampoco que nos hayamos adueñado de dicha cuestión a los que abordamos los temas de sexualidad y género. Sin embargo resulta relevante, interesante y no mucho menos importante los aportes que desde esta perspectiva se pueden dar tanto a la manera en como nos formulamos la pregunta y las posibles respuestas que se siguen dando.
 
No podríamos adentrarnos en el tema sin hacer voz a la historia y con ello a la experiencia que de alguna manera nos ayudan a situarnos en nuestro contexto. Así como recordarnos que a lo largo del tiempo hemos venido contribuyendo quizá con iniciativa e interés a veces con indiferencia al tema pero no obstante sin afectarnos de alguna u otra manera.
 
Cuando se habla de diversidad sexual se comete un error el cual es pensar solamente en el colectivo LGBTTI o en el feminismo, sin embargo no se reduce a ello. Así como sabemos que las aportaciones por parte de uno han contribuido a los planteamos del otro, también hemos sido testigos que así como existen quienes encuentran una fuerza cuando colaboran juntos otros creen que cada uno tienen planteamientos distintos y por ello no hay una necesidad de que ambas vayan de la mano. Y por otra parte creer que el género masculino queda fuera de tal diversidad por sus radicalismos es errar e ir en pos de otra manera de exclusión. No voy a derivar de ello como consecuencia que quizá por eso exista cierta rivalidad entre los hombres y las mujeres, los gays y los hombres, etc., y que a partir de ello haya la creencia de que hablar de la diversidad sexual sólo le compete a unos o a otros. Sea la causa de ello lo que sí sabemos es que existe tal creencia.
 
Esto se nos presenta como acontecimiento que ha y continúa dándose pudiendo quedarnos sólo en eso: dejando que sigan. Pero qué razones y motivos hay para que de ello podamos nosotros tener una deber moral.
 
Cuando hablamos de la diversidad  sosteniendo su existencia estamos suponiendo  que existe una pluralidad de cosas distintas. Al hacernos referencia a esta diversidad entre los seres humanos queremos decir que existe un yo individual y un otro individual también pero además distinto de mí. Nos pensamos y construimos como seres individuales que comparten un espacio y están en relación con otros individuos. El otro es externo y ajeno. Lo que comparten el yo y el otro es que ambos son constructos psicológicos y sociales: soy un individuo para mí distinto de los demás y a la vez soy otro para otros individuos, el otro es también capaz de pensarse y realizarse de esta misma manera.
 
El error en la radicalidad de estos planteamientos es cuando hablamos del Mismo y del Otro con mayúsculas. En el primero encontramos que todos somos iguales y no hay nada aquello que nos haga distintos entre sí, es decir, que no hay característica alguna importante como para darle relevancia y tenerlo en cuenta. En cambio con el Otro el planteamiento que se hace es que absolutamente somos distintos y no compartimos nada en común. Estos planteamientos han errado con los extremistas del individualismo y el colectivismo. La crítica del método individualista suele partir, generalmente de la tendencia colectivista. Pero si el individuo no abarca más que una parte del hombre, así también le ocurre al colectivismo: ninguno de los dos se encamina a la integridad del hombre, al hombre como un todo. El individualismo no ve al hombre más que en relación consigo mismo, pero el colectivismo no ve al hombre, no ve más que la “sociedad”. En un caso el rostro humano se haya desfigurado, en el otro oculto (Buber 142). Aunque no comparto todo el planteamiento de Buber que expresa en esta cita con su hombre como un todo, lo que quiero resaltar de esta es la idea que comúnmente podemos ver en los distintos colectivos: se toman como el Otro invadiendo y desdibujando la individualidad de cada integrante haciendo con ello a este Otro un Mismo, otro individuo. Y por parte del individualismo es pretender realizarse a sí mismo rompiendo el lazo entre el otro.
 
¿Por qué no pueden sostenerse ambas posturas radicales? Porque nadie llega a convertirse en humano si está solo: nos hacemos humanos los unos con los otros (Savater, Las preguntas de la vida 193). Vivimos en un espacio en donde convivimos con los demás. En lo que me parece que acierta el planteamiento del yo y del tú es que permite aquello que construimos como propio y que es elemento importante en el planteamiento del individuo: la intimidad. Cuando puedo estar en mi subjetividad sin ser transgredido. Más sin embargo también hay que aclarar que no es un quedarnos sólo en nosotros mismos. Nadie llegaría a la humanidad si otros no le contagiasen la suya, puesto que hacerse humano nunca es cosa de uno solo sino tarea de varios; pero una vez humanos, la peor tortura sería que ya nadie nos reconociese como tales […] (Savater, Las preguntas de la vida 197).
 
Y es precisamente esto último de lo que hablamos que tenemos que tener en cuenta también: este individuo, sujeto y actor se construye como humano con los otros. Aunque seamos distintos entre nosotros nos buscamos para compartirnos con los demás, y encontramos que tenemos cosas afines y hacemos relaciones. Este ser humano observa a ese otro distinto de sí y reconoce en él una parte de sí mismo generando entre ellos empatía. Es en parte a esto por lo cual creamos grupos de seres humanos con fines compartidos. Nos comunicamos y el lenguaje nos construye. Por ello se dice que el hombre es artificial por naturaleza: va más allá de su biología pero no sin ella para inventar y construir su espacio en el que vive, el entorno que lo rodea, a los demás humanos y así mismo.
 
Entonces ¿a partir de qué establecemos una ética del otro? Como venimos diciendo, el ser  humano se relaciona con los demás, actúa para él mismo así como para y con los otros. De ello establecemos que nuestros actos afectan ya sea con intención o no a lo que nos rodea por la idea de causa y efecto. De nuestra experiencia de convivencia pensamos como condición necesaria que cada efecto tiene una causa, es decir, que en el caso de nuestros actos, estos, siempre tendrán algún efecto. Ahora, por otra parte, nuestra construcción como humanos implica el valor tanto a esa búsqueda de lo humano que en otras palabras sería nuestro ser artificiales como a nuestra intimidad como individuos que dijimos en líneas anteriores. A ello llamamos dignidad. Entonces, cuando ejercemos nuestros actos vemos que en ocasiones afectan a los demás, a ese otro, en su intimidad y humanidad generando en algunos casos que se sienta transgredido y desvalorizado. Podríamos ser indiferentes ante ello, más sin embargo el otro nos pedirá que lo reconozcamos como humano, que reconozcamos nuestros actos como intérpretes de ellos y hagamos algo para solucionarlo. En este momento tenemos la idea de responsabilidad y nos resulta ajena nuestra empatía con el otro: ese vernos en él como espejo de uno se pone en duda. El deber moral parece estar como garantía del  respeto y reconocimiento de nuestro valor a lo humano y nuestra intimidad entre nosotros.
 
En este momento podríamos preguntarnos: ¿la ética del otro versa sobre la infinita multiplicidad de la especia humana o por lo que la especia humana comparte aun con sus diferencias? Mantener una u otra postura nos llevaría a caer en extremismos.
 
El otro es un individuo que lo reconocemos como semejante a nosotros aún con sus diferencias. Tener una postura hacía sólo una es limitar a este otro, no tomarlo en su complejidad, en su totalidad, entendiendo esto la unión de su parte que compartimos y sus diferencias propias de él. La especie humana se reconoce a sí por compartir su estructura biológica y su capacidad de inventarse. Y aunque seamos capaces de ello no llevamos esa invención con los mismos elementos y los mismos medios.
 
La diversidad en la especie humana nos aporta un panorama muy amplio  de las posibilidades de inventarnos, de ser. No bloquea ni limita esa capacidad, porque en dado caso que ello suceda podríamos pensar en algo así como lo absolutamente humano y creer que en algún momento se llega a ese culmen y ahí se termina.
 
La diversidad sexual es un ejemplo de nuestra capacidad de inventarnos. Podemos ser gay, bisexual, heterosexual o lo que sea, pero entre estos mismos términos las diferencias existen. El pretender establecer que sólo debe existir los hombres y las mujeres limita la posibilidad de seguirnos inventando, la posibilidad de mejorar como seres humanos. Lo sostengo porque creo que una sociedad diversa y rica en puntos de vista es una sociedad más adaptable y […] más democrática y objetiva (Guerrero McManus 195)
 
La diversidad sexual ha permitido cuestionar lo que hemos establecido como humano. Por ejemplo desde la biología, la medicina y otras ciencias, aunque en algunos momentos sus visiones transgredían a las entidades sexuales, no por ello podemos seguir creyendo que siempre será así. La multidisciplinariedad nos ha ampliado el panorama para ver que no existe algo así como lo absolutamente humano. Y es en esto en donde podemos darnos cuenta que nuestras diferencias, en este caso sexuales, de alguna u otra manera han permitido desde ello pensarnos como seres humanos.
 
Hemos escuchado muchas veces la pregunta de que si nacemos o nos hacemos como pretensión de encontrar una razón para comprendernos, pero pretender nuevamente ante esto creer que sólo es una u otra es mutilar al mismo hombre.
 
Podemos ver en los animales comportamientos similares a la homosexualidad y de ahí se deriva que entonces se nace. Que si fuimos violados o maltratados entonces nos hacemos. Ese tipo de aseveraciones pretenciosas y apresuradas provienen de la ignorancia en los aportes hechos por las investigaciones en el tema. Donde hay ignorancia, es decir donde se desconocen los principios de las ciencias, donde las personas carecen de vocabulario para expresar sus anhelos y su disconformidad, donde se ven privados de la capacidad de aprender por sí mismos lo que les ayudaría a resolver sus problemas, viéndose en manos de brujos o adivinos que no comparten las fuentes teosóficas de su conocimiento… ahí reina la miseria y no hay libertad (Savater 159-160). Por poner un ejemplo, Fabrizzio McManus en su libro ¿Naces o te haces? La ciencia detrás de la homosexualidad desde la biología nos habla que la misma presuposición de que la heterosexualidad es natural y la homosexualidad una anomalía es más bien una creencia vulgar, porque en su investigación demuestra que el heterosexual dentro de la evolución también se pone en duda como lo común y normal. Una vez dejado la dicotomía naturaleza versus crianza, la homosexualidad y la heterosexualidad son ambas igualmente naturales y artificiales, es decir, son el resultado de una naturaleza plástica, de una evolución que disocia reproducción y placer sexual y que, sin embargo, admite condicionamientos culturales profundamente importantes (Guerrero McManus 186)
 
Ante este tipo de conocimientos creo que tenemos una responsabilidad de informarnos si creemos como posible nuestra postura ante los demás, es decir, lo que decidimos ser. Tanto el homosexual como el heterosexual tiene una responsabilidad de conocerse y saber de aquello que le acontece y sobre lo que él se versa porque no soy un sujeto solitario, los demás conviven conmigo y mis actos quiera o no suelen llegar hasta los demás.
 
Excluirnos los unos  a los otros y mostrarnos indiferentes ante los demás sesga de alguna manera el conocimiento de nosotros mismos, creo que en lugar de mantenernos como grandes Otros, recluirnos en nuestras diferencias, es absurdo. Hemos tendido a hacer dos cosas: por un lado victimizarnos y desde allí atacar a ese otro excluyéndolo e ignorándolo cayendo en un juego absurdo de minorías innecesarias.
 
Desde el feminismo radical, los colectivos LGBTTI que pretenden ese Otro e ignora la individualidad de sus integrantes, la hombría extremista son ejemplos de esta falta de comunicación, que en lugar de plantear sus posturas de manera que respete y no vulnere los derechos y libertad de los otros lo que hacen es pelearse entre ellos.
 
El deber moral entre nosotros en una diversidad humana tendría que ser entre sujetos autónomos, eficaces e íntegros. Que a partir de que somos autoconscientes podemos pensar en nosotros mismos en relación con los demás, evaluar nuestros actos, nuestras intenciones, objetivos, así como los medios en que los llevamos a cabo. Esa capacidad de pensar en escenarios posibles pero ficticios en los que ocupamos diversas posiciones nos lleva a la posibilidad de sostener empatía con los otros. La empatía, nótese, es una emoción moral compleja que requiere de capacidades cognitivas muy elaboradas como esa de simular ficciones, pero también requiere de normas morales que provienen de nuestra cultura y que aplicamos ante situaciones muy disímiles. El hecho de que consideremos que la norma es operante en todos esos contextos es precisamente lo que nos dota de autonomía moral y de responsabilidad moral (Guerrero McManus 182).
 
¿Pero cómo llevar a cabo todo ello? La manera en como podemos hacer participes a los otros incluyendo todo este entramado moral es por la educación. Cuando puedo compartir contigo mi forma de ser sin invadirte y sin dejarme transgredir mostrándote de manera crítica, reflexiva, accesible, mostrándome viable y abierto estoy teniendo en cuenta que eres alguien distinto de mí por tus particulares pero que somos capaces como sujetos íntegros de ver eso que no creo que subyace en nosotros sino que está tan presente y que es lo humano. Esta diversidad como valor no se ejerce únicamente en un ámbito. No podemos, como homosexuales o heterosexuales, defender un discurso que valore la diversidad sexual y, por otro lado, hacer caso omiso de la diversidad lingüística, étnica, cultural, religiosa, etcétera (Guerrero McManus 195).
 
Aunque queda mucho por trabajar desde el colectivo LGBTTI ya que también ahí encontramos indiferencia y exclusión, me parece que los que estamos inmersos en esto con conciencia de ello debemos pensar cómo seguiremos llevando a cabo nuestro reflexión sobre el otro con los neófitos. Necesitamos atender este acontecimiento que no ha terminado y pensar  en nuestro tiempo pero no olvidando que generaciones vienen detrás de nosotros y que vivirán en el espacio que dejemos. Hay que entregarles la completa perplejidad del mundo, nuestra propia perplejidad, la dimensión contradictoria de nuestras frustraciones y nuestras esperanzas. Hay que decir pedagógicamente a los que vienen que lo esperamos todo de ellos, pero que no podemos quedarnos a esperarles. Que les transmitimos lo que creemos mejor de lo que fuimos pero que sabes que les será insuficiente… como fue insuficiente también para nosotros. Que lo transformen todo, empezando por sí mismos, pero guardando conciencia –por fidelidad a lo humano, su raíz, única y verdadera, ese manojo de tentáculos que bajo las apariencias busca a los demás y se traba con ellos- de qué es y cómo es (de qué fue y cómo fue) lo que van a transformar (Savater 165).
 
Este espacio, nuestro mundo, necesita abrirse a los demás, que lo podamos compartir sin invadir nuestra intimidad. No creo necesario la exclusividad de lugares como espacio para dejar ser a ciertas personas únicamente. Eran tiempos aquellos cuando fueron la manera en cómo dar un paso en vista de un mundo donde la diversidad fuera posible. Ahora podemos pensar en ese otro que está con nosotros, que no es indiferente, que permite reconocernos y compartirnos con nuestras diferencias subjetivas e intimas así como con la posibilidad de ver en él a nosotros y en nosotros a él lo humano, y así, dejándonos construirnos continuamente lo que decidamos ser mientras convivimos en el mismo espacio.

 

Bibliografía

 
Badiou, Alain. La ética. México: Herder, 2004.
Buber, Martin. ¿Qué es el hombre? México: Fondo de Cultura Económica, 2012.
Guerrero McManus, Fabrizzio. ¿Naces o te haces? La ciencia detrás de la homosexualidad. México: Paidós, 2013.
Savater, Fernando. El valor de educar. México: Ariel, 2013.
—. Las preguntas de la vida. Barcelona: Ariel, 2004.
 
 

 

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