El motivo de que este escrito comience con pronunciamiento responde a una serie de
hechos sociales que me han tocado vivir. Tal palabra parece significar, de ahí
mi aceptación a utilizarla, una postura en contra y activa que parte de un
sentimiento causado por la parte opuesta a la tomada, es decir, del adversario.
Una actitud que incluye además una postura que liga el lenguaje hablado y
escrito al acto (que en otros términos diría racional-empírico); postura social
(cuando es con y hacia el otro) y corpórea (cuando se inscribe el lenguaje en
el cuerpo desde el escrito plasmado, corporal y oral), que si me permito otro
concepto diría: performativo.
Siguiendo a la explicación del
título esperando que quede acorde a mi crítica el término reactivo podría ser cambiado por “disgusto constante” que surge de
mi subjetividad pretenciosamente objetiva. No es más que la continuación de ese
activismo mencionado en el párrafo anterior.
El término intelectual responde, permitiéndome las palabras de otro, un haber
sabido y conocido lo que he aprendido para de ahí partir a la crítica de ello.
Con esto aclaro que me opongo a las ideas de tabula raza, innatismo y
de la especulación sin conocimiento. Parto de un compromiso subjetivo
nuevamente con pretensiones objetivas (que no por ello, me faltó aclarar en
líneas arriba, deje mi subjetivad) hacia el conocimiento, motivado por mi
positivismo, y que de alguna manera rezaría utilizando las palabras de un
académico a quien respeto: por respeto a
los hechos. Concuerdo con que no se
puede hablar de aquello que no se sabe, de que de aquello que no se sabe es mejor no hablar y de que a veces es
mejor guardar silencio. Quizá esto
podría sonar contradictorio a mi postura hipotético-deductiva, pero me resulta
que sólo es en apariencia tal contradicción ya que hasta las hipótesis parten
de un empirismo previo, es decir, de la experiencia. No obstante, como también
comparto la postura falsacionista dejo
que mi postura sea falseable (y en verdad espero que así sea) al aclarar que si
algo se escapa en mi pronunciamiento es cuando abogo por la creatividad e
imaginación como elemento necesario del método hipotético-deductivo. No tengo
porqué ser ad hoc y salvar las apariencias.
El resto del título responde a mi
crítica al sistema académico-pedagógico-epistémico impuesto en la actualidad.
Me opongo radicalmente a la imposición del conocimiento como acto proveniente
del sistema público y privado de la educación. Aunque sé y considero importante
que se requiere acotar la información de manera pedagógica ya que resulta
demasiado arduo y extenso atender todo el conocimiento considero innecesario la
actitud pedante por parte de los educandos al negarse el diálogo y maleabilidad
de sus asignaturas y el curso educativo cuando hay razones y motivos
justificados. Pero por otra parte rechazo y considero miserable la actitud del
neófito al mostrarse pasivo y desinteresado ante esto. Aquel que dice “no hay
de otra manera” o “es que qué se puede hacer, así tiene que ser” preferiría
ignorarlo si no es porque parto de una postura humanista, aunque no niego mi
disgusto y nulo simpatizar.
Considero que es necesario atender
los avances recientes por parte de las investigaciones multidisciplinarias, es
decir, de las ciencias exactas, económicas y humanistas. Vivir desfasado de lo
que acontece en el momento es vivir sesgado de uno mismo, anulando una parte de
nosotros. Ahí reina la miseria y la ignorancia absurda, diría un español. Quizá
de esta manera podríamos partiendo del presente llegar al pasado que es nuestra
referencia a nuestros errores y aciertos desprendiéndonos de tantos prejuicios
que nublan, bloquean y limitan, tal vez no una mejor postura, ni el progreso
mismo, pero sí un panorama más amplio del espacio en el que vivimos.
Edgar González
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