Ir al contenido principal

El tiempo que fue

Continúa
en un tiempo distinto
estos cristales líquidos
cesarán y serán
pasado
sólo un mal disgusto.
No guardaré luto
chismean mis sollozos
sólo dejaré de rellenar
la tinta al lapicero
y saludaré al azar.
Déjame mirar al sol
ser otra vez mi astro
la luz y el calor
no serán lo mismo
cuerpos distintos.
Y para que no miremos atrás
extraños seremos
guardando cuantos recuerdos
sólo al pasar te pido
no sonrías al alma
que me sentiré en casa.
Pasará más el tiempo
ni tú ni yo nos acordaremos
que el amor no podrá volver
a los lugares en donde fue.
Y adiós no se dice aún
dejando al olvido decirlo
ay de los recuerdos
de mí cuando te habré perdido.
Cree en ti mismo
amor mío
fuimos pasajeros
de un tiempo ya no nuestro
qué placer
habernos conocido.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Prematura

Renuncio hoy A las palabras En verso en prosa, De tinta, sonoras, callas Alguna vez dedicadas.             Porque Venidas a menos, Vacías y olvidadas No tienen nada por decir Ni nada por hacer. Balbuceos sucios, Engañosos y ofensivos Del genuino infante, primerizo En nombrar al mundo apenas visto             Porque Las palabras vacías no son más Que anhelos del ignorante, Infante o amante, Que asfixian y duelen. Acaso estas mienten El último aliento Que a medias tintas anuncia La muerte prematura Del poeta que no soy. Que no fui.

Solo

Sombra oculta indefinida estoy nadie me nombra. Oscura visto el lienzo mortifero sabor a nada. Libre me dicen apenas me desean ruegan me vaya. Olor a muerte sé no ser bienvenida al anochecer.

Te dejé

Cada vez que dudaba de lo que decías sólo te oía decirme: “Ah, ¿lo dudas?”, como una gran culpa de mi parte y una ofensa hac ia ti, recibiendo tu indignación acompañada de tu silencio.   Pero el día en que ese otro se hizo pasar por ti y te encontré luchando contra él, ambos a punto de matarse uno al otro, estaba en mí la oportunidad de salvar a uno; en ese momento no sabía quién era esa persona con la cual había decidido compartir mi vida, con la que había intimidado mostrándole la construcción de mis pensamientos, mis miedos, mis luchas, mis heridas y cicatrices: mi personalidad y, sin dejar aparte como algo distinto de lo íntimo, mi erotismo y mi sexualidad. Quién de las dos personas que tenía frente a mí, uno sujetando el brazo diestro del otro alejando de su rostro su mano la cual apañaba una brillante navaja y con la derecha tomaba por la muñeca ejerciendo fuerza en sentido contrario hacía sí mismo para soltar de su cuello el antebrazo que lo asfixiaba, era ese ...