Y después de tanto sentir el alma estrujada desbordarse en cristalinos trozos que empañan el pensamiento y asfixia por cuanta mundanidad, en un arrebato de decaimiento me fui en un ingenuo intento, estúpido, de hacerte libre como aquella primera vez que nos miramos ahí siendo cada quien; ya no, lo mismo no puede ser una vez que el corazón aprende a elevar su ritmo cuando está en compañía. Más ingenuo fue mirarte aquella vez.
Renuncio hoy A las palabras En verso en prosa, De tinta, sonoras, callas Alguna vez dedicadas. Porque Venidas a menos, Vacías y olvidadas No tienen nada por decir Ni nada por hacer. Balbuceos sucios, Engañosos y ofensivos Del genuino infante, primerizo En nombrar al mundo apenas visto Porque Las palabras vacías no son más Que anhelos del ignorante, Infante o amante, Que asfixian y duelen. Acaso estas mienten El último aliento Que a medias tintas anuncia La muerte prematura Del poeta que no soy. Que no fui.
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