Odio tener las pestañas húmedas y mirar la luz con sus tantas delgadas líneas doradas.
Cuántas maneras de manifestarse y el dolor sólo es uno. Permanece en el silencio y en la espera, jugando ser el Tiempo, el Sentido y la Existencia. No llama para llegar, pero estando grita aún tras cerraduras. Todo un día se vuelve ficticio y todo parece una ilusión; nada gusta y nada calma.
Aparente silencio, las voces del alma susurran y claman, a tono por recuerdo, querer vivir un poco más. Puesto el piloto en máximo ardo con ellos.
Será por amor, maldito amor, que se ha roto y se desvanece ante mis ojos, la dialéctica entre lo que era tuyo, lo mío y fue nuestro.
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