Qué pesar el comenzar. Las lesiones duelen aún en buenas atenciones y con suaves vendajes. Sanan a tiempos dilatados, lo hacen y aún lastima.
Desorientado, las posibilidades no son probables, se desfiguran a tanteos. Como si nunca haya sido conocida, la esperanza aparece nueva y tan lejana que en posesión de los dioses un mendigo hombre no puede hurtar.
Pero después aparece tan claro, no puede ser sino humana, y nacer en atropellos cuando el dolor cala por lo óbito ausente que es uno y lo mismo con el espacio.
Adiós a ti, por el recordatorio innecesario de que sigo vivo.
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