Pudimos habernos dicho tantas negaciones posibles de lo que entre nosotros había. Nos limitábamos a abrazarnos y entrelazar nuestras manos como nuestros cuerpos, agitados y en sudor; nuestra piel era el significante mismo de ese límite. No obstante, tu mirada y la mía convetida en nuestra, acompañada del silencio almínico con el ritmo cardio, no tenían que olvidar algo, era la bella pasión de ser uno.
Renuncio hoy A las palabras En verso en prosa, De tinta, sonoras, callas Alguna vez dedicadas. Porque Venidas a menos, Vacías y olvidadas No tienen nada por decir Ni nada por hacer. Balbuceos sucios, Engañosos y ofensivos Del genuino infante, primerizo En nombrar al mundo apenas visto Porque Las palabras vacías no son más Que anhelos del ignorante, Infante o amante, Que asfixian y duelen. Acaso estas mienten El último aliento Que a medias tintas anuncia La muerte prematura Del poeta que no soy. Que no fui.
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