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El día después

Disculparás mi dogmatismo, ese del cual, quizá, te diste cuenta. El que siempre llevé conmigo y del cual ni el más fuerte escepticismo pudo liberarme. Ese, me lleva a escribirte estás palabras pensadas en un tiempo distinto al que son plasmadas. No quiera que en la proximidad certera e incerteza a la vez no me permita decírtelas.

La suposición de tu ausencia y aun de tu partida no determinan el pretérito de tu ser. Cuando las estrellas se crearon y hubo tanto calor como cuando mirábamos los puntos brillantes del tapiz en nuestros ojos te abrazaba, así en el juicio o en la circularidad del punto divino dantiano o en la nadea deutschgger, allá y aquí tanto como aquí: eres.

No hay para mí más declaración, o mejor escrito, mejor recordatorio afirmativo de un suspiro robado que aun cuando te pienso en la protección y sostén que otros labios te darán, la geometrización de tu cuerpo que otros dedos harán, y la felicidad que tendrás causa de otros sonrisas, me dejo dejarte seguir siendo.

Sea de ti,
amor nuestro,
que sea tuyo.

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Solo

Sombra oculta indefinida estoy nadie me nombra. Oscura visto el lienzo mortifero sabor a nada. Libre me dicen apenas me desean ruegan me vaya. Olor a muerte sé no ser bienvenida al anochecer.

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