Ya no anda el agua como antes. Su rostro de espejo se mira grumoso. No tenía que haber lanzado tantas piedras, ni haberle contado tanto. Quizá fue eso. Lo asusté. Tanto que ni ruido hace. No puedo pensar en él cuando la gente dice que si el río suena es... Creo que intenta ser sigiloso, hasta mudo, solo para que un día cuando me vaya no pueda regresar. Ni por tanta agua que le dí. Si ya le había advertido que la mía era salada, que no podía ser dulce porque no habían alegrías. Ay, mi riachuelo, vuelve a cantar vivaz, ya no diré nada, ni te daré más. Al cabo, las piedras se han acabado, y yo, me he cansado.
Renuncio hoy A las palabras En verso en prosa, De tinta, sonoras, callas Alguna vez dedicadas. Porque Venidas a menos, Vacías y olvidadas No tienen nada por decir Ni nada por hacer. Balbuceos sucios, Engañosos y ofensivos Del genuino infante, primerizo En nombrar al mundo apenas visto Porque Las palabras vacías no son más Que anhelos del ignorante, Infante o amante, Que asfixian y duelen. Acaso estas mienten El último aliento Que a medias tintas anuncia La muerte prematura Del poeta que no soy. Que no fui.
Comentarios
Publicar un comentario