Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de septiembre, 2015

A.2.

Tengo que darle existencia a un tercero, distinto de mí, de ti, muy cercano a lo en sí y por sí, a lo que podamos cargar de nuestros actos mientras nos vamos alejando uno del otro; yo en mi dolor, tú sabrá en qué. Por mí puedo dejarme dejar (sin la flexión del a ti en -te, que puede implicar o connotar cosas que no quiero), que como aquel día que te vi en brazos extraños acompañado de lo que reflejaba tu rostro -aún en el intento de anular mi juicio-, tomar nuestros rumbos aún así sienta verme en cualquier momento recogiendo trozos de mí. Volviendo al instante mencionado, cuando se abrió un abismo en mi estomago con la sensación que lo acompaña, mayor motivo tenía para alejarme de tu mirada, tal vez extrañe cómo me acogías; tengo la esperanza de un futuro en el cual nos encontremos no siendo lo mismo.

A.1.

Permanezco en silencio mirando el suelo, observando cómo lo temido se acerca sin descaro alguno, alguna que otra sensación trae consigo, yo, admito que no feliz acepto; sabía. La luz a veces no resulta suficiente para esclarecer, la obscuridad misma comienza a expandirse y eso me resulta más claro, visible y hasta inteligible. No tomes mi mano, detente por fa… no entrelaces lo que mañana no será más, no dejes que en ese día, o quizás en esos días después vaya comparando caracteres y texturas en la otredad, con el anhelo de encontrarte de nuevo. Deja de mirarme, así, así es… como tú, sólo tú… sabes que… me estremezco cuando me tocas sin necesidad de hacer viajar tus manos por mi cuerpo, sin necesidad de crear torbellinos de tu aliento sobre mi piel. Basta la tormenta que va… ahí, no, aquí mismo adentro, siente el corazón agitado, ¿o será que sigue emocionado? Si te lloro no es dolor, al menos no solamente. Puedo sonreír al momento que te escucho nombrarme en adjetiv...

Nuestra pasión.

Pudimos habernos dicho tantas negaciones posibles de lo que entre nosotros había. Nos limitábamos a abrazarnos y entrelazar nuestras manos como nuestros cuerpos, agitados y en sudor; nuestra piel era el significante mismo de ese límite. No obstante, tu mirada y la mía convetida en nuestra, acompañada del silencio almínico con el ritmo cardio, no tenían que olvidar algo, era la bella pasión de ser uno.