Se miran en silencio, la puerta está abierta. Hace minutos que las palabras cesaron pero el frio comenzó a calar. Uno allí y otro allá, cada vez más distantes en el tiempo. Quizá, el hecho de que éste siga siendo el mismo para ambos, así el espacio haya cambiado, sea lo que más les duela. No es necesario el cuerpo del otro, el otro distinto de ellos, para sentir que sigue ahí aunque sólo uno haya probado ese calor distinto. Se ha despedido con mirarlo por última vez al momento consecutivo de comenzar a caminar. Sigue el silencio. Ya no son sus palabras ni las del que ha quedado atrás, sino el sentimiento, único posible ahora que están lejos. Única forma, de seguir unidos sin estarlo a la vez.